Por cada justo que es perseguido hay otros 99 que son perseguidos con toda razón. En general hacen mucho más ruido los 99.
La estadística científicamente aplicada a la subjetividad humana es un oxímoron.
Esto no significa que cualquier relato aplicado a la subjetividad humana sea cierto.
El asunto es que tal vez ninguno de ellos lo sea.
El cerebro ama las narrativas. Busca un sentido, completar la frase, ama sentir que sabe algo que los demás no. Se autoengaña con gusto.
Quiero ir a esos médicos que dicen que solo hay que tomar medicamentos cuando uno se siente mal, y que se puede descansar de los mismos. A mí cada vez que voy me encajan uno nuevo.
Iluminador es mirar la lluvia sin contar las gotitas que cuelgan del alero. Al cabo de un rato uno recuerda cuando se calzaba las botas de lluvia para ir a la escuela, lo que le permitía caminar por el agua que corría junto al cordón de la vereda, y pisar en algunos charcos. Entonces se da cuenta de que era uno mismo, cuerpecito pensante de poco monólogo interno y no pensamiento con accesorios que toma remedios del pastillero. No es poco decir.
El sentido de lo justo nos puede tanto que cuando uno es niño y le cuentan la historia de Jesús, el inocente que fue crucificado por los romanos, y que luego resucitó, enseguida pregunta si quedó algún romano vivo. Bueno, es la pregunta que le hicieron los apóstoles, en el fondo.
Sigue lloviendo. Amén.
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